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de dar un paso gigantesco... inesperado, pero una culminación inevitable del uso de la galingua. -Entonces -dije, sinti�ndome mejor ahora que empezaba a comprender-, �usted es el siguiente paso evolutivo, tal como lo predice Pamlira en Paraevolución? -Simplificando, s�. Tengo esa conciencia total de que hablaba Pamlira. Cada una de mis c�lulas tiene ese don, as� que soy independiente de una forma fija, ruina de toda criatura multicelular anterior a m�. Sacud� la cabeza. -A m� no me parece un avance sino un retroceso -dije-. A fin de cuentas, el hombre es una compleja colmena de genes; usted dice que puede transformarse en c�lulas simples, pero las c�lulas simples son formas de vida muy primitivas. -Todas mis c�lulas son conscientes -enfatizó-. �sa es la diferencia. Los genes construyen c�lulas y las c�lulas constituyen la colmena gen�tica llamada orden para desarrollar sus propios potenciales, no los del hombre. La idea de que el hombre pueda desarrollarse era sólo un concepto antropomórfico. Ahora las c�lulas han terminado con esta forma llamada hombre, han agotado sus posibilidades y pasar�n a otra cosa. No parec�a haber nada que decir, as� que guard� silencio, bebiendo el vino y mirando las sombras que se extend�an desde las monta�as hasta el mar. A�n sent�a fr�o, pero ya no temblaba. -�No tiene nada m�s que preguntarme? -inquirió Gerund, casi con asombro en la voz. Nadie espera que un monstruo se asombre. -S� -dije-. Sólo una cosa. �Es usted feliz? El silencio, como las sombras, se extend�a hasta el horizonte. -Es decir -aclar�-, si yo interviniera en la creación de una nueva especie, tratar�a de hacer algo m�s propenso a la felicidad que el hombre. Somos criaturas curiosas, y nuestros mejores momentos ocurren cuando luchamos por algo; apenas lo conseguimos, ya estamos llenos de inquietud. Existe un �divino descontento�, s�, pero el divino contento sólo es para las bestias del campo, que inadvertidamente engullen gusanos con la hierba. Cuanto m�s inteligente es un hombre, m�s propenso es a la duda; en cambio, cuanto m�s tonto es, m�s propenso es a contentarse con su suerte. Por eso pregunto: nueva especie, �eres feliz?. -S� -afirmó Gerund-. Todav�a soy sólo tres personas. Regard, Cyro, Gerund. Los dos �ltimos han luchado durante a�os en busca de la integración plena, como hacen todas las parejas humanas, y ahora la han encontrado, una integración m�s plena de la que era viable antes. Aquello que los humanos buscan instintivamente, nosotros lo poseemos instintivamente; somos la culminación de una tendencia. Sólo podemos ser felices, por mucha gente que absorbamos. Sin perder la calma, coment�. -Pues ser� mejor que empieces a absorberme, pues eso debe de ser lo que te propones. -Con el tiempo todas las c�lulas humanas quedar�n sometidas al nuevo r�gimen -dijo Gerund-. Pero primero se debe difundir la noticia de lo que est� ocurriendo, para que la gente se vuelva receptiva, para ablandar m�s lo que la galingua ya ha ablandado. Todos deben enterarse, para que podamos llevar a cabo el proceso de absorción. �se ser� su deber. Usted es un hombre civilizado, alcalde; debe escribirle a Pamlira, ante todo, explicando lo que ha sucedido. Pamlira se interesar�. Hizo una pausa. Tres coches se acercaron r�pidamente por la calle y entraron por la puerta principal de la c�rcel. Jeffy, ten�a inteligencia suficiente como para ir a buscar ayuda. -Supongamos que no colaboro -dije-. �Por qu� deber�a apresurar la extinción del hombre? Supongamos que revelo la verdad al Consejo de la Federación Gal�ctica, y les pido que vuelen esta isla en pedazos. Ser�a un simple ��L�rgate!�, un sencillo ��Al cuerno contigo!�. De pronto nos rodearon unas mariposas. Al ahuyentarlas con impaciencia, volqu� la botella de vino. El aire se llenó de miles de mariposas que aleteaban como papel; el cielo penumbroso estaba cubierto de ellas. Los movimientos m�s furiosos de mi mano no lograban espantarlas. -�Qu� es esto? -rugió Gerund. Por primera vez, vi con mis propios ojos cómo perd�a la forma mientras creaba otro ap�ndice para expulsar a las delicadas criaturas. El ap�ndice brotó de lo que era la oreja y azotó el aire. Sólo puedo decir que sent� n�usea. Me costó un gran esfuerzo conservar la compostura. -Como criatura tan consciente de la naturaleza -dije-, deber�as disfrutar de este espect�culo. Son mariposas Vanessa cardui, desviadas por millares de su senda migratoria. Vienen aqu� casi todos los a�os. Este viento tórrido, que llamamos marmtan, las lleva al oeste por el mar, desde el continente. O� que sub�an los escalones a la carrera. Ellos podr�an encargarse de esa criatura, cuyas palabras razonables contrastaban tanto con su intolerable aspecto. Segu� hablando en voz m�s alta, para que fuera posible tomarla desprevenida. -No es del todo infortunado para las mariposas. Hay tantas, y sin duda han comido la mayor parte de su alimento en tierra firme; si el viento no las hubiera tra�do aqu�, se habr�an muerto de hambre. Un admirable ejemplo de cómo la naturaleza cuida de los suyos. -�Admirable! -repitió. Yo apenas pod�a verlo en medio de esas alas fulgurantes. La partida de rescate estaba en la habitación contigua. Irrumpieron con Jeffy a la cabeza, portando armas atómicas. -Ah� est� -grit�. Pero no estaba. Regard-Cyro-Gerund se hab�a ido. Imitando a las mariposas, se hab�a dividido en mil unidades, planeando en la brisa, a salvo, invencible, perdido en la multitud de brillantes insectos. As� llego a lo que no es realmente el final sino el principio de esta historia. Ya ha pasado una d�cada desde que aconteció el episodio de las islas Capverde. �Qu� hice? Bien, no hice nada. Ni le escrib� a Pamlira ni llam� al Consejo de la Federación. Con la maravillosa capacidad de adaptación de mi especie, en un par de d�as logr� convencerme de que �Gerund� nunca tendr�a �xito, o que le estaba sucediendo algo que �l hab�a interpretado mal. Y as�, a�o tras a�o, oigo informes sobre la merma de seres humanos y pienso: �Bien, al menos son felices�; me siento en el balcón, bebo mi vino y me dejo acariciar por la brisa marina. En este clima, y en este puesto, nada m�s podr�a esperarse de m�. �Y por qu� deber�a entusiasmarme por una causa en la que nunca he cre�do? Cuando la naturaleza sanciona una ley no hay apelación posible; para sus prisioneros no hay escapatoria, y todos somos sus prisioneros. As� que me quedo tranquilo y bebo otra copa. [ Pobierz całość w formacie PDF ] |
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